Mujeres sembradoras
de esperanza
En el corazón de Paraguay, donde la selva cede ante el avance del asfalto y el monocultivo, un grupo de mujeres se organiza no solo para resistir, sino para sembrar el futuro. Esta es la realidad, el riesgo y la esperanza de quienes defienden la vida en la última frontera agrícola del país.
Defender la Tierra en Santa Rosa del Aguaray
Promover la organización de las mujeres y la defensa territorial comunitaria en Paraguay implica enfrentar un escenario de alta hostilidad. El territorio de Santa Rosa del Aguaray es considerado la última frontera agrícola del país, un epicentro donde el avance desmedido del modelo agroexportador se traduce en deforestación alarmante, pérdida crítica de biodiversidad y la destrucción de cuencas hídricas esenciales.
Sembrando en tierra arrasada: El contexto de riesgo

En la región operan dinámicas complejas que amenazan la vida y la seguridad de las comunidades:
Gobernanza criminal y corrupción: Existe una preocupante inacción y complicidad institucional que facilita altos niveles de inequidad. Los empresarios del agronegocio actúan bajo un manto de impunidad debido a la negligencia de entidades clave como el Ministerio Público y el Ministerio del Ambiente.
Presión trasnacional: En Santa Rosa, cuatro empresas trasnacionales buscan el control absoluto del territorio. Además, en el norte de Paraguay (Concepción), se consolidan enclaves masivos como un frigorífico de capital israelí y la empresa Paracel (vinculada a capital sueco), que controla 75,000 hectáreas de monocultivo de eucalipto.
Impacto en la vida campesina e indígena: Esta presión destruye directamente la agricultura familiar que depende de cultivos orgánicos tradicionales (como el cedrón Paraguay, la chía y el sésamo) y vulnera la supervivencia de cinco comunidades indígenas locales.

¿Cómo cuidamos la cosecha?
Para que la esperanza siga dando frutos, el Análisis de Riesgo (AdR) señala que es urgente implementar medidas de protección colectiva:a la vida.

Mapear para protegernos:
Un mapeo específico de actores (aliados, redes de poder, sectores legales e ilegales) contribuye a identificar los puntos de peligro y las zonas de refugio.
Multiplicar las voces: Para enfrentar un nivel de riesgo medio/alto debido a la estigmatización política, es vital diversificar los rostros públicos del caso, sembrando nuevos liderazgos y vocerías entre las mujeres de la comunidad.
Redes de abrigo solidario: Ante el abandono estatal, necesitamos tejer lazos urgentes con organizaciones de derechos humanos y sectores de la Iglesia con visión crítica para construir espacios seguros en caso de emergencia.
Rutas de alerta temprana: Compartir y activar análisis de riesgos previos para diseñar protocolos claros que nos permitan reaccionar a tiempo ante cualquier amenaza.

